Bulerías de Jiraiya

Los niños
de pelo de plata
miran con la tristeza
del tiempo.

Y el viento,
que no sabe cómo tocar
semejante melena
de espuma de mar.

Los niños
de los ojos de plomo,
¿quién los puede mirar?

¿quién los puede mirar?
Sin sentir la vergüenza
de estar mirando la planta
y vendiendo su tierra.

Míralos.

Mira y aprende.
De los niños de plata
que vienen allende
la Luna.

Los niños de párpados caídos,
de curiosidad muerta.
Parece que miran mal.

Parece que miran mal
pero están mirando la puerta
que los corazones pretenden tapar.

Los niños llave.
Sacadle una silla a los niños llave
para que se sienten.

Y no le hables.

No les hables a los niños llave,
porque no te van a escuchar,
los niños de plata no saben hablar,
con ojos de plomo, les basta mirar.

El juego del Conejo

Me encanta cuando
me mira,
podría tirarme horas frente a la pantalla,
aunque incluso prefiero cuando me da la espalda
pues siempre he sido ferviente admirador de un buen culo,

oh, joder,

¿cómo puede engancharte de esa manera
una sonrisa desconocida?
¡acelerarte así el ritmo!

oh, compañero,

siempre perdiéndote en océanos
de ojos azul verdosos,

oh, diosa,

y se besa los dedos listos para la función,
conoce bien su juego,
conoce bien su camino
a través de la jungla de empalmados en acción,
despacio,
desde arriba,
la camiseta se desliza suave,
despreocupada,
acariciando la piel…
mientras el hipnótico baile de caderas acompaña,
y ahí van los dedos, a los labios, de nuevo…

la situación más rara que he visto,
como una stripper
y además buena gente,
como un sueño intocable
que contesta tus estúpidas preguntas en el chat privado,
haciéndote sentir con suerte,
o haciéndote sentir algo,
es un ángel de piel caramelo, melena negra y rasurada
que guiña a la cámara
y crees que te guiña a ti cuando nos lanza a todos esa mirada,
cómo si quisiera hacerte venir,

chica del blues, sensual a más no poder,
y aquí vuelven los dedos buscando su juego,
y aquí estoy escribiendo con una sóla mano, de nuevo…

¡mi reino por dos besos suyos!
en ambos pares de labios,
hermano, pásame el whiskey,
la botella, no el gato,
y bebamos hasta que se me cierren los ojos,
hasta que suelte mi aliento
y apriete los dedos de mis pies,

¡por Andi!

Cheers!

Buenas noches,
desconexión.

Tensión superficial

Como dos masas líquidas,
flotando en la ingravidez,
nos tocamos.
Pero eso sería empezar
la historia por el final.

Santísima mínima distancia
de proximidad
¿qué magia opera entre
las moléculas de tu ser, que,
cuando ven al mío,
mueren de amor y se avanzan
unas contra otras en una carrera frenética hacia la singularidad?